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TIJUANA, BC | Por: NUTRIÓLOGA PAOLA BARAJAS / PEHE MEDIA

 

Este es el mantra para la teoría neuroendocrina del envejecimiento. Las hormonas son sustancias químicas de nuestro organismo que se liberan con el fin de provocar un efecto sobre los tejidos en algún punto del organismo. Actúan como mensajeros bioquímicos. Activan y desactivan las funciones celulares. La expresión genética se puede alterar mediante su presencia o ausencia. Las hormonas controlan nuestras respuestas a las enfermedades ya que controlan nuestro sistema inmunitario, nuestra respuesta al estrés, nuestro desarrollo sexual, nuestro crecimiento y nuestro metabolismo. Cuando los niveles hormonales se equilibran y permanecen en niveles óptimos, tenemos más probabilidad de disfrutar de buena salud, siempre que nuestras elecciones de estilo de vida también sean saludables.

Dado que en nuestro organismo los nervios constituyen medios de comunicación con cables, resulta útil visualizar a las hormonas como el equivalente bioquímico de un sistema de comunicación inalámbrico, solo que más complejo. El hipotálamo, un ‘servidor’ central, es la clave para mantener el equilibrio del flujo de comunicación hormonal. La mayoría de las hormonas transmite la información cuando viaja a través del torrente sanguíneo. Los mensajes biológicos que transportan las hormonas son específicos y no están dirigidos a todas las células del organismo. Al mismo tiempo, algunas hormonas actúan sobre varios tipos de células. Tres tipos de sistemas hormonales (endocrino, autocrino y paracrino), conforman el sistema biológico de comunicación. Cuando los tres sistemas trabajan juntos pueden evitar eficazmente la aceleración del envejecimiento. Cualquier problema de comunicación es como un eslabón débil en una cadena, lo que provoca desorden hormonal y probablemente aceleración del envejecimiento.

Los niveles hormonales óptimos tienen lugar cuando una persona se encuentra entre los veinte y treinta años y pueden continuar durante otros 15 a 20 años con una disminución moderada. Generalmente, durante este mismo período se presentan menos enfermedades que en el transcurso de casi cualquier otro período de la vida. Por regla, es menos probable padecer de cáncer, lo cual ocurre con más frecuencia cuando se es más joven o cuando se tiene más edad. La diabetes es más común entre las personas más jóvenes o de más edad. Las cardiopatías, fracturas de huesos, infecciones, etc., parecen predominar antes y después de estos años. Esto favorece la sensación de invencibilidad que sentimos cuando somos veinteañeros y treintañeros. Sin embargo, cuando se comienza a dejar el período de los treinta y tantos, los niveles hormonales comienzan una disminución constante. Generalmente no notamos los efectos hasta principios de los cuarenta o en forma ocasional, al final de los cuarenta y principios de los cincuenta años. A medida que el sistema de comunicación hormonal decae, el organismo comienza a envejecer con más rapidez. La edad biológica está ligada íntimamente a la salud del sistema endocrino. Cualquier disminución del sistema hormonal tiene consecuencias negativas sobre la longevidad, ya que aumenta la probabilidad de muerte.

A diferencia de la disminución predecible que ocurre con la mayoría de las hormonas, algunas de ellas tienden a aumentar con la edad; por ejemplo, la insulina y el cortisol.

Los corticoesteroides son hormonas que se producen en las glándulas adrenales y son fundamentales para la respuesta y el control del estrés del organismo. Se liberan grandes cantidades de cortisol como reacción ante el estrés. Aunque esta es una función esencial para la sobrevivencia, cuando el estrés se prolonga, puede dañar el circuito de retroalimentación que regula los niveles de cortisol. La secreción prolongada y sin control de cortisol agota al organismo. Puede inhibir el sistema inmunitario, retardar la síntesis de proteínas y generar pérdida neuronal, daño cerebral, pérdida ósea, desgaste muscular, aumento de la grasa abdominal, psicosis, envejecimiento prematuro y la muerte. Una definición de envejecimiento indica que se trata del deterioro de la capacidad del organismo para responder ante el estrés.

El cortisol, la insulina, la melatonina, la pregnenolona, la dehidroepiandroesterona (DHEA, por sus siglas en inglés), la progesterona, el estrógeno, la testosterona y la hormona del crecimiento están entre los cientos de hormonas conocidas que deben actuar como las teclas de un piano de cola, en respuesta a la pauta musical del medio ambiente. Sin embargo, la secreción prolongada de cortisol disminuye los niveles de muchas de estas y otras hormonas. Con menos hormonas dispuestas para regular y establecer un orden, se presentan desórdenes celulares y sistémicos cada vez mayores.

La disminución hormonal determina muchos de los marcadores biológicos que cambian a medida que se envejece. Entonces, se podría pensar que los cambios hormonales son vendedores secundarios del envejecimiento. Por lo tanto, un paso importante en el control del envejecimiento radica en la capacidad de reponer y equilibrar las hormonas. El equilibrio hormonal correcto puede ayudar a controlar e incluso aminorar la velocidad del proceso de envejecimiento; por supuesto un equilibrio incorrecto lo acelerará. Una de las metas de los medicamentos para prevenir el envejecimiento es reponer los niveles hormonales de forma equivalente a los de una persona saludable entre los 25 y 30 años. Los motivos se hacen más evidentes cuando se responden las siguientes preguntas: ¿Cuándo ocurre la mayoría de los tipos de cáncer? ¿Cuándo ocurre la mayoría de las fracturas? ¿Cuándo ocurre la mayoría de las infecciones graves? ¿Cuándo ocurre la mayoría de los problemas médicos? La respuesta es que ocurren con más frecuencia en las personas más jóvenes y las personas con más edad. En general, la mayoría de las personas llega a la cúspide de su salud alrededor de los veinticinco hasta antes de cumplir cuarenta años. Sin embargo, no siempre es solo la falta de ciertas hormonas la causa fundamental del envejecimiento, sino cómo pierden las hormonas la capacidad de comunicarse entre ellas a fin de mantener el equilibrio. Por suerte, la terapia de reposición hormonal con hormonas biológicamente idénticas, cuando es producto de una recomendación clínica, puede ayudar potencialmente a que una persona mejore su estado funcional físico y mental y sea comparable con el de una persona 10 o 20 años más joven; siempre que también se hagan elecciones de alimentación saludables, ejercicio apropiado, se controle eficazmente la respuesta al estrés, y se mantenga un equilibrio con la salud emocional y espiritual.

 

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NUTRIÓLOGA PAOLA BARAJAS.

TIJUANA, BC, MÉXICO

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